Compliance en el nuevo sexenio

05.12.2018

Primero de diciembre del 2018

Como haciendo comparsa con los humanos, el clima se vistió de colores claros, el aire suave apenas recorrió por los cuatro puntos cardinales sin rencores y revanchas, como a la postre los sacerdotes de los pueblos indígenas del país consagrarían con el bastón de mando al presidente ya juramentado Andrés Manuel López Obrador, haciendo que con solemnidad republicana saludara envuelto en incienso a los cuatro destinos de la tierra.

Los años venideros registrarán esta fecha como un hito en la historia, no tanto por las promesas que puedan cumplirse, sino por la ruptura total de viejos símbolos: Un palacio llamado "Los Pinos", ahora vuelto un centro cultural con acceso inmediato del pueblo y un elegante escenario para las fotos de la bella quinceañera recién arreglada para la fiesta; un carro blanco austero como medio de transporte sin la parafernalia de escoltas y fusiles; ausencia casi total de guardaespaldas vestidos de negro, y un presidente que se acerca al pueblo al repetir con vasta ingenuidad: "el pueblo me protege"; así también pudimos ver un solemne cambio de poderes con pocos aspavientos, diríase hasta con orden, donde un presidente saliente Enrique Peña Nieto lució desencajado, abrumado y haciéndose a cada momento del discurso del presidente más, y más pequeño, como niño regañado en clase vespertina.

El presidente López Obrador ha explicado cuantas veces ha podido acerca de la Cuarta Transformación, enumerando siempre las tres primeras: la Guerra de Independencia, la Guerra de Reforma con el mejor presidente que ha tenido México Don Benito Juárez García (engalanando nuestro billete en vías de extinción de veinte pesos), y la Revolución, recalcando en ésta última la figura del apóstol de la democracia: Francisco I Madero.

En su discurso de toma de protesta dijo sin ambages acerca de la Cuarta Transformación: "Si me pidieran expresar con una frase el plan del nuevo gobierno, respondo: acabar con la corrupción y la impunidad", añadiendo momentos después: "Se vigilará a los amigos, compañeros y familiares, el gobierno ya no será un facilitador para el saqueo como ha venido sucediendo, no será un comité al servicio de una minoría rapaz", y también preciso: "Nada ha dañado más a México que la deshonestidad, que los gobernantes y las minoría que se han beneficiado de ella", agregando después que los poderes político y económico se han alimentado mutuamente, y se han plantado como modus operandi del "robo de la riqueza y de los bienes de la nación".

Con emoción clara el Presidente Constitucional de la República Mexicana mirando a toda la concurrencia más allá del Congreso aseguró: "Me comprometo en uso de mis facultades a NO ROBAR, y no permitir que nadie se aproveche de su cargo o posición para sustraer bienes del erario, o hacer negocios al amparo del poder público". Todo esto suena a un sueño onírico pero, ¿es posible?

Es evidente que la corriente de COMPLIANCE que cabalga desde hace años por el mundo acaba de llegar al gobierno de México, cuando el Presidente enarbola la Cuarta Transformación con tal vehemencia que inclusive abre la ventana de la renuncia si a la mitad de su mandato no ha cumplido con esta tarea. Sustenta esta renovación en: la ética, en el cumplimiento, en la honradez, y en el trabajo exacto de sus colaboradores, pidiéndoles inclusive que vivan en la "justa medianía" como lo dijo Benito Juárez.

Está probada la eficacia de los Programas de COMPLIANCE, está demostrado que éste es posiblemente el camino más seguro para acabar con la corrupción y la impunidad, y que la figura de un Oficial de Cumplimiento o Compliance Officer es necesaria e inobjetable. Recordemos que COMPLIANCE no es solo remarcar la eficacia en el cumplimiento, sino la prevención como arma primaria y el resguardo total del prestigio y el buen nombre. Han llegado ya los días de que "el bien hacer" nos abra horizontes nuevos, y podamos soñar en un país más justo y amoroso, como le gusta decir al Presidente.

No dudo de la profunda y genuina intención de sus palabras, pero también sé que encontrará escollos y murallas que como enemigos reales y no adversarios lucharán con bravura inaudita por no perder sus privilegios; la batalla apenas empieza, y siempre es mejor soñar con la victoria donde COMPLIANCE es ya un estilo y una forma generosa de vida

Es cierto por ahora, México tiene nuevas luces que mezcladas forman arcoíris, atardeceres bellos y esperanzas absolutas.

Adriana Peralta

@CompliancMEX
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