¿Nacimos corruptos o aprendimos a serlo?

12.09.2018

#MartesDeCompliance ¿Aprendemos a ser corruptos? ¿Es acaso una conducta que con el tiempo se adquiere o es que ya hemos nacido con esa condición? Les comparto mi reflexión, haciendo votos porque #Compliance sea una asignatura oficial, tanto en la escuela, como en casa. #ComplianceEnMéxico #PorUnMéxicoMásIntegro #ForoJurídico 

Hablar de corrupción en México se ha vuelto tan cotidiano que parecería que su impacto se diluye con demasiada prisa, tanta que ya resulta casi "normal". Hoy en día la corrupción se filtra con arrogancia en todos los espacios de la economía, de las empresas y, obviamente, en las instancias de gobierno.

Compliance (o cumplimiento normativo) surge como una alternativa viable para sustentarse en las leyes, aún más, como afirma Martin T. Biegelman en su libro Construyendo un programa de Compliance de clase mundial (Building a World-Class Compliance Program): "Se trata de establecer políticas y procedimientos adecuados y suficientes para garantizar que una empresa, incluidos sus directivos, empleados y agentes vinculados, cumplan con el marco normativo aplicable. Dentro del marco normativo no han de considerarse únicamente las normas legales, como leyes y reglamentos, sino que también deberían incluirse en el mismo las políticas internas, los compromisos con los clientes, proveedores o terceros, y especialmente los códigos éticos que la empresa se haya comprometido a respetar, pues existen muchos casos en los que una actuación puede ser legal pero no ética".[1]

El cumplimiento regulatorio se establece como un elemento que debe anticiparse a problemas que, de no ser así, suelen ser no sólo de una persona, sino de la empresa en su totalidad.

Compliance se sustenta en: identificación, prevención, detección, resolución y adoctrinamiento. Las empresas en la actualidad deben ser más transparentes; con un código propio de integridad, con ajuste constante a un marco normativo gubernamental, donde las leyes y sus modificaciones fluyen tan rápido que dan poco tiempo para adaptarse a los reglamentos existentes.

Por estas razones, esta herramienta se yergue como un parteaguas ante el fraude y la corrupción. De esta manera surge el cuestionamiento que dará inicio a la implementación de un programa de compliance: ¿nacemos corruptos o aprendemos a serlo?

En principio, definimos a la corrupción como "toda acción u omisión humana que transgrede la normatividad legal y ética, mediante el abuso del poder político o económico, con la finalidad de obtener ventajosamente un beneficio personal".

En nuestro país entendemos la corrupción, por desgracia, como una práctica generalizada en todos los sectores, aunque más acentuada en nuestros gobernantes.

Entonces, ¿somos corruptos por naturaleza? Esta interrogante nos lleva, irremediablemente, a reflexionar sobre el pensamiento de Thomas Hobbes, cuando afirma que el ser humano es egoísta y malo por naturaleza, es decir, que "el hombre es el lobo del hombre" (homo homini lupus est).

"Hoy en día la corrupción se filtra con arrogancia en todos los espacios de la economía, de las empresas y, obviamente, en las instancias de gobierno."

Hobbes tiene un margen de verdad al afirmar que somos egoístas por naturaleza, algo que podríamos traducir en que el ser humano es ambicioso por su propia naturaleza en cuanto a poseer más riqueza y poder. Pero esta ambición natural no justifica el uso de medios ilegales y antiéticos para su consecución, como serían el crimen o, precisamente, la corrupción.

El ser humano no es corrupto por naturaleza, pues aceptarlo sería adoptar una postura fatalista o determinista, que nos llevaría a sostener que no es responsable de su corrupción, bondad o maldad de sus actos, ya que está programado filogenéticamente (por naturaleza) para cometer este tipo de conductas.

Equivaldría, entonces, a admitir que todas nuestras conductas corruptas son efecto de causas ajenas a nuestra voluntad, que están inmersas en una relación causal. Es como querer responsabilizar a una piedra, que cae por la acción de un sismo y golpea o mata a una persona, por el delito de lesiones u homicidio. Si la piedra hablara, nos diría, seguramente, que no tiene responsabilidad alguna por ese hecho, ya que no tuvo la alternativa entre caer y no caer; simplemente, su caída fue consecuencia de estar inmersa en la ley gravitacional.

Las teorías de los filósofos Zenón de Citio (estoicismo) y Baruch Spinoza (determinismo) respaldarían la corrupción como parte de la naturaleza humana. Los estoicos afirmaban que el universo es un todo con movimiento divino y que nada escapa a la ley que lo rige todo. Los hechos están predeterminados por una cadena inquebrantable.

La necesidad que rige el universo se le llama destino, éste es el orden necesario y racional y se entiende como una cadena de causas. A partir de esta concepción determinista, los estoicos afirman que todos los humanos deben regir su vida bajo el principio vivire secundum naturam (vivir de acuerdo a los dictados de la naturaleza).

De conformidad con esta filosofía, deberíamos de aceptar todo lo establecido por la naturaleza o destino y nunca oponernos a ello, de lo contrario estaríamos actuando contra natura. El estoicismo, en nuestra lógica, se identifica con el determinismo, negando con ello la libertad humana. De hecho, Zenón de Citio (fundador del estoicismo), dio testimonio de su doctrina con su propia muerte.

Se dice que al término de su clase (enseñaba en el pórtico de su casa; de ahí el nombre de esta doctrina filosófica: stoa, puerta, e ismo, doctrina) se tropezó; al verse lastimado, tocó la tierra y dijo: "Tierra, ya te escuché, allá voy", después, se estranguló.

Zenón de Citio interpretó esa caída como la voluntad de la naturaleza de que él muriera, dado que su doctrina era acatar la voluntad de la naturaleza, el filósofo obedeció ciegamente a esa manifestación.

Inferimos que el estoicismo puede tener validez, siempre y cuando las disposiciones de la naturaleza sean acordes con la razón humana, lo que implica un ejercicio de nuestra libertad.

Identificar dogmáticamente lo natural con la voluntad divina o naturaleza, equivaldría a convertirnos en seres inmersos en la causalidad y sin libertad.

En el mismo sentido, si la naturaleza humana nos conduce a la ambición de ser y tener más, pensamos que esta ambición debe ser aprobada por nuestra razón.

Vincular la ambición con la corrupción es querer justificar esta última, atribuyéndola en forma ilógica a una naturaleza que no poseemos. Suponemos que el egoísmo y la ambición forman parte de nuestra naturaleza -como Homo sapiens- pero resulta inaceptable el principio maquiavélico de "el fin justifica los medios". La corrupción es un medio ilícito, antiético y, sobre todo, antinatural.

Otro pensador que fundamenta su pensamiento en el determinismo (o fatalismo), y en el cual las personas corruptas podrían escudarse, es Baruch Spinoza, quien sostiene que la experiencia enseña que los hombres creen ser libres sólo porque son conscientes de sus acciones, pero ignoran las causas que las determinan. La idea de libertad se reduce -en la perspectiva de Spinoza- al desconocimiento de las causas que generan las acciones humanas.

Desde la perspectiva de Spinoza, se podría afirmar que los actos de corrupción que cometemos son simplemente efecto o producto de leyes psicológicas, fisiológicas o sociológicas, es decir, estos tres aspectos son los "responsables" de los actos de corrupción; pues el ser humano es, simple y sencillamente, un instrumento del que se valen las leyes para la ejecución u omisión de dichos actos.

Spinoza concluye que no somos libres porque todos nuestros actos están determinado por leyes naturales que son causa eficiente de nuestras conductas.

Ante estas filosofías deterministas, concuerdo que el ser humano -como lo afirma Ortega y Gasset- es su "yo y su circunstancia"; ésta última influye, pero no determina sus actos u omisiones, dejando siempre un margen de libertad en la conducta humana.

El ser humano está regido por leyes naturales, pero es innegable que se distingue de los demás entes de la naturaleza en que es ajeno, en varios aspectos, a la relación causal; y que, por tanto, posee libertad.

No podemos negar que existen circunstancias de toda índole que influyen en nuestras conductas, sin embargo, no las determinan completamente. Lo contrario nos llevaría a aceptar el determinismo, y con ello, negar la libertad.

"Vivir en compliance nos obliga a desaprender mucho de lo que por 'naturaleza' o 'destino' hemos aprendido y hecho nuestro."

Estamos -como atinadamente sostiene Sartre- "condenados a ser libres", en el sentido de que nuestras vidas no están determinadas en un libreto; nuestra vida la estamos haciendo a cada instante; la creamos a cada momento.

De ahí que se considere que la vida es mucho "que hacer". El ser humano es quien decide, a partir de su libertad, construir su propia y exclusiva vida, aspirando siempre a alcanzar una perfección individual y social; y pudiendo, también -a partir de su libertad- deshumanizarse, como acertadamente lo sostiene Miguel de Unamuno.

El ser humano es libre no porque algún ordenamiento jurídico lo instituya, sino que, aunque no se le reconociera este derecho, siempre contaría con este don natural, a pesar de que ―en diferentes etapas históricas― se ha utilizado al Derecho como herramienta para esclavizarlo.

En medio de una condición de fatalidad que tenemos en cuanto a leyes naturales, a las cuales no podemos ser ajenos, tenemos un margen de libertad suficiente para responder por nuestros actos.

La corrupción es obtener un beneficio personal a costa de lesionar, directa o indirectamente, los derechos de terceros. Es sacar ventaja mediante el ejercicio del poder, obtener un cargo, beneficios económicos a costa de engaños, influencias, etcétera. Tenemos innumerables casos de corrupción no exclusivos de las autoridades, también se incluye a la iniciativa privada.

Por tanto, la implementación de un programa de compliance se torna como una solución para enseñar, guiar y acompañar en el camino de hacer lo correcto. Vivir en compliance nos obliga a desaprender mucho de lo que por "naturaleza" o "destino" hemos aprendido y hecho nuestro.

Si la corrupción fuera parte de la naturaleza del ser humano, por lógica todos los países serían corruptos, sin embargo, no sucede de esa manera.

[1] Biegelman, M. citado en: García Gibson (24 de octubre de 2016, Forbes México).

Fuente: https://forojuridico.mx/nacimos-corruptos-o-aprendimos-a-serlo/